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27/09/10

La primera batalla que se pierde seguro es aquella que no se da cuando hay que darla

 

Por José Luis Gacio Caeiro

Secretario Federal de MCA-UGT


 

Gacio_reducido.jpgLa Huelga General que vamos a hacer pasado mañana, 29 de Septiembre, tiene que ser una masiva respuesta de los trabajadores ante tremendo giro antisocial dado por un Gobierno que hasta hace unos meses afirmaba que no iba a hacer nunca lo que ha terminado haciendo. De presentarse como el campeón de las políticas sociales ha pasado a ser el campeón en Europa de las más antisociales.

Como hemos venido repitiendo durante meses en cientos de asambleas de trabajadores y allí donde hemos podido llegar, la Reforma Laboral impuesta unilateralmente por el Gobierno y ya aprobada por el Parlamento supone un tremendo golpe contra derechos laborales y sociales logrados durante décadas, abaratando drásticamente el despido –llegando incluso a bonificarlo con fondos públicos– y dando todavía más poder a las empresas sobre los trabajadores.

 

 


A este nuevo estímulo para el despido arbitrario, barato y subvencionado y a este aumento del poder empresarial en nuestro sistema de relaciones laborales hay que añadir además la anunciada reforma de las pensiones que pretende subir la jubilación a los 67 años y ampliar el período de cómputo a 20 años, el recorte de los salarios públicos y privados, la congelación de las pensiones, el recorte y privatización de servicios públicos…

Ante estas agresiones los sindicatos hemos convocado Huelga General para el 29-S y para quebrar ese derecho constitucional de los trabajadores se han puesto en marcha todo tipo de armas. La derecha, con su artillería pesada en la que vale todo, y los más próximos al Gobierno, están utilizando el más sutil: “estáis en vuestro derecho, pero no hay nada que hacer”.

Esta segunda opción, más civilizada, más educada, pero no por más sutil es menos lesiva para el éxito de nuestra movilización.  Para lograr imponer esas medidas antisociales e injustas, sus defensores están intentando convencernos, en primer lugar, de que no hay otro camino y en segundo lugar, de que movilizarnos contra ellas mediante la Huelga General es inútil e incluso  contraproducente.

Frente a ello, los sindicatos estamos haciendo lo imposible por rebatir ambas cuestiones. En primer lugar, demostrando que sí existe otro camino: en España la alternativa a los ajustes sociales están en una fiscalidad más equitativa y más efectiva contra el fraude fiscal. Hemos demostrado que hay margen para otra política económica y para otras medidas que no hagan recaer todo el peso de la crisis sobre los de siempre.  

Lo peor de ese mensaje de “que la huelga es inútil y que no va a servir para nada” es que responde al discurso de una izquierda impotente que no sólo renuncia a hacer las políticas que cree necesarias sino que nos quiere contagiar al resto la enfermedad de la resignación. La presentación de este proceso como el resultado del funcionamiento natural de la economía, de que es “algo inevitable”, es una de las grandes coartadas que explica que un gobierno de izquierdas haya terminado por sumarse gustosamente al carro neoliberal. Luchar contra esta percepción es fundamental no sólo para que la huelga tenga éxito, sino para que el Gobierno y otros gobiernos y partidos europeos puedan de verdad hacer políticas progresistas, sociales y de defensa del Estado del Bienestar. Nosotros, desde luego, vamos a seguir defendiendo que hay margen para esas políticas de progreso.

Si la reciente experiencia demuestra que los Gobiernos por sí solos no han sido capaces de poner frenos al capitalismo especulador para cumplir sus propios programas electorales, con los que han sido elegidos democráticamente por sus votantes, no parece razonable que se critique a esta misma ciudadanía cuando se moviliza y pide a los gobiernos que cumplan sus compromisos y pongan límite a los mercados regulando de otra forma su actividad. ¿Cómo se puede decir desde ámbitos progresistas que esta movilización es inútil? Esa movilización es la sal de la democracia, es fundamental para reforzar a los Gobiernos y para animarles a recuperar sus políticas y sus señas de identidad.

En contra de lo que se nos dice, cuando se está cargado de razón, este tipo de movilización sí es eficaz. Nadie con un mínimo conocimiento histórico puede dudar del valor de la movilización de los trabajadores. La experiencia nos enseña que toda lucha bien planteada obtiene resultados. A veces éstos sólo se ven a medio plazo y en diferentes planos, pero las movilizaciones democráticas tienen siempre resultados.

Baste recordar que todas las Huelgas Generales que fueron contundentes, provocaron la rectificación total o parcial de los Gobiernos. Dos ejemplos: la última realizada contra el Gobierno de Aznar en 2002, que obligó a su Ejecutivo a modificar la norma que rebajaba la protección a los parados y la del 14-D en 1988 que obligó al Gobierno de Felipe González a modificar la reforma de la contratación y abrió paso a medidas de expansión del gasto social en años sucesivos.

Y no olvidemos que no estamos solos en esto. En otros países europeos como Francia y Grecia también se están realizando Huelgas Generales y los sindicatos de todos los países que conforman la Unión Europea convocan ese mismo día, coincidiendo con la Huelga General en España, una gran euromanifestación en Bruselas contra las medidas neoliberales de sus respectivos Gobiernos. Este miércoles 29 de Septiembre la lucha sindical tiene escala europea. ¡Todas y todos a la Huelga General!

 

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